¿Llevas muchos meses, quizás años, dedicado/a al estudio de un tema que te apasiona?
Después de tanto tiempo encerrado en el laboratorio, la biblioteca o el archivo, llega el momento de redactar el artículo donde presentas tus resultados. Quieres que salga lo mejor posible. Sería una gran pena presentar un artículo que no cumple con las expectativas de la revista porque el inglés no se entiende bien. Aunque dominas el idioma de Shakespeare y crees que te expresas bien, es muy difícil dejar atrás el idioma nativo en que piensas y te expresas de manera habitual. El resultado en muchas ocasiones es un Espanglish donde muchas de las ideas clave quedan confusas o poco inteligibles.
La solución profesional
Tienes varias opciones. El primero sería redactar el artículo en castellano y encargar la traducción a un traductor profesional que va a traducir tu paper a un inglés nativo con el registro perfecto para la revista donde quieres publicarlo. Así te puedes escribir el texto con toda la riqueza terminológica y estilística que quieres imprimir, sin tener que preocuparte sobre cómo va a quedar en inglés. Otra opción, si tienes buen nivel de inglés (B2 o mejor), sería escribir el artículo en inglés tú mismo directamente y después enviarlo a un traductor/revisor profesional para que lo corrija, eliminando todos los errores, puliendo el estilo y dejando el artículo como si lo hubiera redactado un investigador de habla inglesa.
Copia y pega
La última opción y desde luego la más rápida y económica es de pasarlo por Google Translate u otro traductor automático. Con un par de “copias y pegas” tienes un resultado casi instantáneo que puedes presentar a la revista. Esta última opción es también la de tu alumno fiestero que después de demasiadas salidas nocturnas se acuerda que tiene que presentarte un trabajo la mañana siguiente y no ha empezado todavía. “¿Qué hago?” se pregunta antes de meterse en Wuolah, el Rincón de Vago o su variante más moderna Chat GPT en busca de inspiración.
Si no te importa mucho la calidad ni la precisión, pues perfecto, pero si tu meta es culminar un proceso largo de esfuerzo y trabajo con la publicación de tus resultados en un paper que va a ser citado por otros investigadores en tu campo, pues lo mejor es consultar con un profesional de la traducción que te puede ayudar a conseguir este objetivo.
Pensar en el lector
En todo este proceso es imprescindible pensar en el lector, en la persona que va a leer el texto, asimilar su contenido y quizás citarlo en sus propias publicaciones. Quieres que la lectura sea clara, amena y fluida para que el lector capte perfectamente lo que has averiguado y lo que aporta a tu campo de investigación. Para eso hace falta un argumento bien hilado y bien organizado. Frases bien estructuradas y concisas que se combinan dentro de párrafos que encajan como las piezas de un puzle. Un lector que encuentra errores gramaticales, frases excesivamente largas y torpes o argumentos confusos va a desistir en su empeño rápidamente. Para que el proceso de lectura sea placentero debe cumplirse la regla de las tres “c”s: claro, conciso y correcto.
